A lo largo de décadas, educadores de todo el mundo han utilizado la Taxonomía de Bloom como herramienta para establecer objetivos de aprendizaje. A pesar de las ideas simplistas atribuidas a Bloom, así como la asociación equivocada que se le hizo a su taxonomía con el conductismo, esta sigue teniendo tanta validez hoy en día.

Han pasado más de cincuenta años y la Taxonomía de Bloom continúa siendo una herramienta fundamental para establecer los verbos de objetivos – competencias de aprendizaje. En el 2000 fue revisada por uno de sus discípulos quien, para cada categoría, cambió tanto el uso de sustantivos por verbos, como su secuencia. Recientemente, el doctor Andrew Churches actualizó dicha revisión para ponerla a tono con las nuevas realidades de la era digital. En ella, complementó cada categoría con verbos y herramientas del mundo digital que posibilitan el desarrollo de habilidades para Recordar, Comprender, Aplicar, Analizar, Evaluar y Crear.

La taxonomía de Bloom clasifica los verbos que se utilizan en los objetivos en tres dominios: Los objetivos se clasifican en función de la dimensión a la que corresponden:

En el dominio cognitivo se distinguen los niveles: conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación.

En el dominio afectivo, se consideran los siguientes niveles: recepción, respuesta, valoración, organización y caracterización.

En el domino psicomotor se establecen los siguientes niveles: percepción, disposición, mecanismo, respuesta compleja, adaptación y creación.

Y cada uno de estos dominios va en progreso de los más sencillos a los más complejos en términos de aprendizaje.

¿Para qué sirve la taxonomía?

Para que uno como educador pueda determinar qué tipo de VERBO emplear en los objetivos – competencias de aprendizaje que sea más adecuado a las condiciones de los estudiantes de acuerdo a su edad y su nivel de estudios.

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